viernes, 23 de octubre de 2009

¿Tuvo Atahualpa raíces costeñas?

¿Tuvo Atahualpa raíces costeñas?
Marcos Suarez, 2009

Recientes documentos contienen aportes que podrian contribuir a mejorar la historia precolonial y colonial del actual Ecuador. Elaboro por ahora, algunas reflexiones en torno a reactualizar esta pregunta.

La propuesta de Juan de Velasco que precediera un intento por establecer una unidad territorial transregional en el Ecuador, paso rápidamente de la notoriedad, al desencanto y de allí a la descalificación y olvido. Al parecer el origen jesuítico del cura y por otro, la insistencia de San Francisco en desconocer que es en Santa Ana, donde quedaba la sede del reino, han pesado a la hora de desestimar sus argumentaciones.

Sin embargo, como indicaba, recientes documentos salidos a la luz, a mi parecer, vuelven a poner en el tapete de a discusión tal asunto.

En 1994 y luego de un azaroso vericueto espacial y temporal, aparecen en manos de una mujer italiana, Clara Miccinnelli, unos legajos que han pasado a ser conocidos como Documentos Miccinelli. Estos, como señala un libro de reciente aparición, “sublevan el virreinato”. Los documento son, entre otros, por un lado, una carta de lo que parace es un "soldado arrepentido", Francisco de Cháves y por otra, el informe de un sacerdote previamente conocido por la publicación tardía (1895) de una de sus obras; ambas del siglo XVI. El RP Giovanni Annello Oliva. A mi parecer esta nueva documentación abonaría a favor de las “fuentes desconocidas de Velasco”.

Uno de ellos, Exsul Immeritus Blas Valera Populo Suo, y el otro Historia et Rudimenta linguae piruanorum. Este ultimo, a mi parecer, descifra el carácter de escritura de los quipos y los tocapus y se remite a una practica con ancestrales tradiciones de encriptar saberes en una codificación que estimo tiene un carácter tridimensional, usando “ejes de piola”, colores y anudaciones. Estos ejes de piola son perpendiculares entre si; de uno de ellos, el de mayor longitud y el que vertebra el conjunto, se desprenden a manera de espinel, otras de longitud menor, y de estas, siempre perpendicularmente unas terceras. Esta “estructura de cordeles, nodos y colores”, según énfasis recientes ha dado lugar a una escritura fonética silábica con palabras claves.
Estos arreglos de cordeles eran leídos por expertos y solo por ellos, pues el dominio de esta escritura requería de ardua preparación, para lo cual eran escrupulosamente escogidos por sus habilidades nemotécnicas desde bien jóvenes.
Por contacto con uno de ellos, de la tradición real, el curioso jesuita tuvo acceso a los “quipos regales”. No solo tuvo acceso; además se introdujo en su práctica y arte. De esa experiencia derivaría la escritura de su obra mas conocida “historia de los reyes incas….etc.”. Así aparece la base de su erudita obra sobre el origen biológico de los incas y el discurso mítico asociado, pero no coincidente. De manera indirecta Velasco habría tenido acceso a estos trabajos, pero no a los documentos originales; lo que además hubiera sido imposible, pues no bien se produjeron pasaron a ser clasificados.
En el contexto de este documento se expresan también otras singularidades. Blas de Valera habría sido el autor real de Buena Crónica y Buen Gobierno, la obra atribuida a Guaman Poma: en la interdicción que habían caído los jesuitas y en particular Blas de Valera, esta obra no hubiera podido revelarse como de su autoría, así que apelo a sus relaciones con el mundo indígena, que compartía genéticamente, para usar una “mascara”.
El otro documento es más polémico. Chaves, soldado de la conquista, presente en Cajamarca, pone en entredicho la versión oficial, sino de la historia en su conjunto-habrá que ver mas adelante- por lo menos si este episodio. La imagen épica que Pizarro se había labrado para ensalzar su de por si oscura gloria, cede, para dar paso a un ardid protervo. Convida colectivamente a la corte de Atahualpa, y le brinda vino envenenado. Veneno de ratas a todo el estado mayor del Gobernante. Sorprendidos como estaban, los ejércitos y el propio emperador, fueron presa fácil del carnicero de la mar del sur.
Para entonces la Compañía mantenía ciertas diferencias no declaradas con la posición oficial de la religión católica, inaugurada por los dominicos.
Volviendo a AO (Anelo Oliva), en su narración de origen quipucamayo, hace una reconstrucción de la estirpe de los incas. Esto en si mismo no despierta ninguna exclamación, pues en ese mismo contexto Cieza, Herrera, Montesinos y Garcilaso, entre otros, habían elaborado sendos intentos. Lo que llama la atención es los visos que expresa: se contrapone a la versión cuzqueña, todavía dominante, con la cual guarda solo ciertos ejes narrativos, pero de la cual se aleja cuando hace énfasis en una génesis costeño-marina de la estirpe, a mi parecer, por lo menos de Atahualpa.
Con la posición de AO, se remonta a la existencia de un reino localizado en un paraje al cual los hispanos habían denominado Santa Elena. ¿Cual es este paraje? Para 1524, que se inicia la etapa exploratoria de la conquista, por la mar del Sur, pese a sus todavía torpes movimientos en una mar cuyo régimen de vientos y mareas desconocían, y de tierra firme, con cuyos habitantes tuvieron mas de un tropiezo, los navegantes avanzan paralelos a la costa, reconociendo sus principales accidentes costaneros. Desde estos primeros tiempos quedarían fijados de una vez y hasta el sol de hoy, los nombres iberos de algunos de ellos. San Matheo, San Francisco, Cuaque, Cabo Pasado, Bahía, Manta, la punta de santa Elena, la isla de Santiago, todo ello entre 1524 y 1528.
El paraje entonces correspondería a la “punta de Santa Elena”, el extremo mas occidental de una península de posición meridional-ecuatorial en la costa del Levante de los Mares del Sur. De allí en más, ese paraje quedaría así denominado, y, posteriormente, al iniciarse la conquista por tierra en enero de 1531, mantuvo su nombre para designar la porción interior, el “tierra adentro” de dicha punta, en su camino hacia el golfo, a cuya isla mayor habrían de llamar Santiago en la etapa exploratoria. El que haya sido fijado desde el inicio no quiere decir que su consolidación toponímica ocurrirá ipso facto. Primeramente por la perdida repentina de interés en el segmento costanero al norte del golfo que bautizarían como la provincia del puerto viejo; y segundo, por que de hecho hay algunas confusiones, como la de uno de los secretarios de Pizarro, quien en algún momento y por escrito oficial al rey, la confundiría con Tangarara.
Ahora bien, según los quipus, en dicho paraje, en tiempos aun no definidos, habría existido un reino, siendo su principal el Cacique Tumba o Tumbal. A partir de el, se da inicio a una serie de uniones que conducirá a la gestación de los principales eslabones de la estirpe que derivara en la aparición histórica de los incas-por lo menos la línea materna de uno de ellos, aunque el incario, como imperio, requerirá otros componentes. Dicho paraje habría tenido otro topónimo. Según los quipus, tal como lo habría oído AO, era el de Sumpa.
Sobre esta base Juan de Velasco habría construido su propuesta, aunque sin duda alguna las matizo con imaginación, dada las características de su aporte en el contexto de la época. Al mismo tiempo sugiere que la perspectiva de la Real Audiencia de haberse basado en un precedente objetivo no es lo descabellado que aparecía en la conjetura de Velasco.
¿Que tiene de cierto esta alternativa? Debemos descalificarla sin más, o es una vía que debe ser examinada con mayor enjundia a la luz de los nuevos aportes, no solo de los documentos aludidos sino de recientes aportes de la arqueología.
En eset ensayo reflexiono acerca de las fisuras que abren estas nuevas documentaciones, las que tieien potencial para aportar significativamente a mejorar nuestra apreciacion del pasado prerepublicano, y son obvias las implicaciones que ello puede tener.

Por lo pronto seguiremos con esta línea de indagación.

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