Intensificación ideológica y emergencia del poder de sujeción. Hacia una nueva perspectiva en el entendimiento del periodo de Desarrollos Regionales(ca. 500 aC-500 dC). Marcos Suárez C, 2008.
¿Por que persiste el uso de la spondylus, casi a través de 5000 años de evolución cultural?. Se le ha atribuido varias significaciones. Mediador de mercado, objeto sacro, alimento de los dioses o insignia de estatus. Examinaremos su papel como símbolo en la intensificación ideológica que precede y preside al “modo de dominación” definido por la sujeción tributaria.
“La concha que calienta el agua”
El uso de la posición del sol con fines predictivos y efectos productivos se remontaría a las tempranas sociedades preagrícolas. Es posible que la gente haya establecido empíricamente la relación ecosistémica entre los movimientos del astro y la productividad primaria de los ecosistemas, además de vínculo con el ciclo del agua. Esta explicación parece estar atrás también de la spondilus la “concha que calienta el agua” o parece que lo hace, pues su aparición coincide ecológicamente con el cambio en la posición del sol que precede la lluvia.
Así, esta explicación, de corte ecológico, fue formulada para interpretar el papel de la Spondylus en la sociedad formativa. Pero, el uso de esta concha, en activismos de corte esotérico, para atraer agua, se explicaría en regímenes deficitarios de agua; pero ¿porque se la usa donde hay excedentes de agua?, aparentemente con el mismo propósito como en los andes por ejemplo. ¿Por qué su valor simbólico trasciende las fronteras ecológicas para significar en otras sociedades? Esto no tiene explicación, salvo que se acepte otra alternativa. La alternativa adoptada es de corte economicista. Se esta usando como “dinero”, sugerencia que sale de la interpretación de las crónicas, en particular la de Xamano-Xerex, con respecto a las chaquiras. Si es así, entonces ¿porque aparece en las sepulturas, como parte de los artefactos adicionados al inhumado?. Por otra parte, si bien la producción estandarizadas de objetos, como las “chaquiras” podría sugerir que estamos en presencia de “unidades” monetarias, ¿porqué las encontramos en otras formas?, como por ejemplo tabletas, empleadas como adornos, o máscaras en activismo de los vivos.
Por otra parte ¿porque los portadores de la cultura material “manteña”, no obstante que traficaban con ella, encargándose supuestamente de colocarlo en los mercados meso y andinoamericanos, no le rendían culto?; para el cual, si hay que creerle a los hispanos, tenían para ello una “joya”, la piedra Umiña una esmeralda del “tamaño de un huevo” lo que, al momento del ataque inicial, habría sido presenciado.
¿De que manera se genera, organiza y sostiene la diferencia entre los sujetos, cuya expresión se plasma en el imaginario cerámico o lapidario del período de Integración?.
Cualquiera que haya sido este proceso, es en el periodo de Desarrollos Regionales-sino antes- donde debemos buscar sus orígenes.
El poder del símbolo
El área cronológica – cultural de Desarrollos Regionales esta presenta mediante una serie de asentamientos mas o menos contemporáneos y extensos, dispersos a lo largo de una franja ribereña al mar hasta la población de Tumaco, Colombia en el norte, incluye la isla de la Tolita, en el actual río Santiago y eventualmente se prolonga con Jama Coaque I, Bahía I y Guangala hacia el sur. Hacia el interior costanero, Jambelí, Daule-Tejar.
La expresión “Tolita” presenta evidencias de una amplia actividad funeraria, tanto por la cantidad de enterramientos, cuanto por la clase de ornamentos que acompañan a ciertos difuntos, que implicaría que el sujeto gozaba de algún tipo de distinción entre sus cohabitantes. Puesto que necesariamente los objetos adicionales a la sepultura fueron colocados por personas vivas, implica, a más de una serie de vínculos con el difunto, el hecho de que, con el artefacto, se reconocía la práctica social particular del sujeto, a través de la cual los demás sujetos construían la diferenciación ostentada por aquel. Este es un rasgo compartido por todas las expresiones contemporáneas del área.
Tolita desaparecida ca. 400 dC, manufactura de objetos de oro y platino. En alfarería hay objetos de diversas formas, escalas y diseños trabajados mediante, uso de técnicas como el engobe rojo, el inciso, la pintura negativa, el modelado y el aplique. Hay diseños a base de replicar la naturaleza, en particular zoomórficos. La forma humana anatómicamente real, con cierto énfasis en la facialidad, poses, gestos y ademanes, como ejemplifica la estatuilla de mujer, con retro prolongación supra craneal, facialidad “circunspecta”, pose “hierática”, y gestualidad “decantada” que sugiere una práctica social de “sacerdotisa”.
El género masculino, en cambio, tiene otras expresiones. Sobre la base de la anatomía del género, el rostro merece especial atención, pues sus facciones han sido modificadas para incluir un “alter ego” que sugiere una “animalización”, que han sido interpretados como elementos vestigiales de un “trance” logrado mediante sustancias psicotrópicas. La animalización es de tipo felínica (puma) o anfíbica (lagarto o caimán), también el murciélago. La percepción extrasensorial de la violencia y otros atributos presentes en esos animales parece rondar la interpretación, que apunta a destacar la sublimación cultural de “fuerzas de sometimiento”. Tolita comparte fuertemente este rasgo con Tumaco, Jama Coaque I y Bahía, en el ámbito El NIño, y hacia el sur, en el ámbito Humboldtdiano los conjuntos Moche.
El periodo corresponde a una etapa de cambios sociales decisivos con respecto al viejo futuro del continente: más allá de los aspectos infraestructurales tales como demografía, vivienda, enterramientos, agricultura, alfarería, metalurgia y textiles, parecen ocurrir transformaciones sustanciales a nivel de “intensificación ideológica” tal como lo sugiere Service, y que eventualmente estarían relacionados con lo que aquí denominaremos el “modo de dominio” que sugiere la emergencia de la economía tributaria. Por razones atribuidas a cambios climáticos, controles de los bienes exóticos, desintegración de la horizontalidad y reciprocidad, será entre los Mochica y Mayas, donde esta “intensificación ideológica” generará los “modos de dominio” que harán posible la integración de la sociedad alrededor de proyectos político de gran escala, capaz de incorporar, bajo la violencia asimétrica, una gran diversidad de expresiones sociales.
Lo que llama la atención en la época de Desarrollos Regionales es precisamente la irrupción de un figurativismo barroco donde la complejidad plástica de la antropoforma nos está sugiriendo procesos de diferenciaciones entre personas al interior de la sociedad y que, en tanto alteridad, se eligen para expresarse plásticamente; en consecuencia esto a mi juicio sólo consecuencia de la clase de practica o actividad concreta social.
Por otra parte, esta apreciación plástica se corresponde con los entierros reportados para este periodo, en que los conjuntos tanato fácticos expresan distinciones en los tratamientos de los difuntos. La alteridad, en consecuencia, estaría vinculada a la emergencia de un “modo de dominio” alrededor del cual se organiza la sociedad. La sociedad transfiere hacia ellos el funcionamiento de la totalidad, como totalidad. La diferencia se organiza y se sostiene a partir de opuestos en el modo de relacionarse de las personas. A partir de entonces el “poder de sujeción” aparece como el modo de dominación determinante Estaríamos en presencia del surgimiento del estado como aparato.
El “modo de dominio”, en el conjunto del continente, se expresará a través de la figura del sol como meta símbolo. Y creo que una de las razones porque el bivalvo spondylus persiste en su uso, es por que sería el más antiguo de los símbolos solares, que ocupa el papel central en la intensificación ideológica andina y mesoamericana; la concha de los calcíferos rayos rojos, al igual que el sol, surge de las profundidades para verter sobre todo lo naciente su energía: el sol calienta el agua, el inicio del ciclo hidráulico y la concha anuncia que esta caliente. Como el sol. De allí el papel clave de los navegantes Paces-Huancavilcas, tanto para los incas como para los aztecas, en la distribución del princeps.
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