jueves, 8 de febrero de 2007

¿LOS GIGANTES DE LA RUTA DEL SOL?


A las 7am. iniciamos el día 2 de nuestra práctica. A las 8 y 45 estábamos en los buses y al poco rato partíamos con el rumbo correspondiente, con escala en el campus de la Universidad Estatal Península de Santa Elena, donde, según los operadores, nos esperaba nuestro guía de esa jornada.

De todos los recursos culturales patrimoniales existentes en la Ruta del Sol, el que motivaba nuestra atención, en este segundo día, era el menos conocido. En nuestro grupo había algo de expectativa por lo que nos esperaba. Contábamos con la información que el profesor de la materia había impartido previamente, incluyendo algunas ilustraciones, solo que esta vez tendríamos contacto directo con ella. Y de paso nos servirá de control de calidad de lo que nos diga el guía.

Arribamos pasadas las nueve de la mañana. Al llegar nos comunicaron que un contratiempo impedía el paso hacia el sitio Tanque Loma, que era nuestro objetivo. Pero en cambio se nos ofrecía la oportunidad de entrar en contacto con los resultados iniciales del estudio que la UEPSE había iniciado.

El campo de la UEPSE se localiza a un costado de la vía La Libertad-Santa Elena, y en este sentido sobre el borde derecho (Foto Nº 1). Encontrándonos en un hotel casi a la salida de la Libertad, el recorrido no se hizo largo, creo que de 15 minutos aproximadamente; teníamos, además, de qué conversar, entre otros temas, lo acontecido el día uno de nuestra jornada, pues la noche previa había sido amena y de compañerismo. Confesamos que las conversaciones no eran muy concentradas en lo patrimonial, que se diga.

Habíamos ingresado al campus y luego de un corto recorrido por su interior paramos en una explanada frente a uno de los edificios universitarios, hacia el extremo sur del campus. El exterior de este edificio, al igual que casi todos ellos, estaba pintado de blanco, por lo que inmediatamente resaltaba un gran letrero azul colocado en su fachada. En el letrero se podía leer fácilmente, por sus grandes caracteres “ Proyecto Megaterio”(Foto Nº 2) . Al descender fuimos recibidos por un grupo uniformado. Luego supimos que eran los guías del proyecto, entre los que se encontraba el líder del mismo.

Fuimos congregados frente al edificio, dándosenos algunas instrucciones para su ingreso. El dirigente del grupo anfitrión se dirigió a nosotros indicándonos lo que iba a suceder, luego fuimos separados en grupos menores. Se ofrecía una experiencia en dos momentos. Durante la primera parte ingresaríamos al área de Laboratorio-ese era el papel de este primer edificio- y luego pasaríamos al local de futura exhibición, localizado hacia el norte del campus en un sector de edificios vecinos que se podían divisar desde nuestra posición(Foto 3a). A cada grupo le fue asignado uno de los guías. Ya para ese entonces sabíamos que eran estudiantes de turismo de esta universidad, así que nos sentíamos entre futuros colegas. Ingresamos por grupos y no bien uno de los grupos abandonaba el local con rumbo hacia el otro componente, ingresaba un nuevo grupo(Foto 3b).

Lastimosamente el ingreso al primer local, el Laboratorio, no fue muy auspicioso, pues pronto nos dimos cuenta del poco espacio disponible. Había mesas, perchas, vitrinas, carteles y escritorios, todos ordenados siguiendo el contorno interior de la edificación(Foto 4). Sobre las grandes mesas se encontraban depositadas las osamentas, junto con otros materiales. Sobre estas y pegados en las paredes se podían ver leyendas y carteles con escritos alusivos(Foto 5). Pudimos observar como, en casi todas las mesas, en toda la superficie de ellas, estaban depositados los restos. Había de distinta forma, tamaño y peso y estaban ordenados por grupos que compartían iguales características(Foto 6). Observamos cómo habían dispuestos algunos rótulos sobre algunos grupos o algunos ejemplares individuales. Casi todos presentaban la misma coloración; diferentes tonalidades del café(Foto 7). Algunos presentaba formas que nos eran familiares, pues lo habíamos visto en el museo de Real Alto, a la entrada. Allí el guía nos había dicho que era un ¡mastodonte!. (Foto 8 y 9 comparación)

Mientras observábamos y fotografiamos poníamos atención a lo que nuestro expositor nos decía(Foto10). El señalaba ordenadamente los huesos colocados y les asignaba una identificación; así nos informamos que había entre otros, costillas, garras, vértebras, cuernos, huesos largos de extremidades. Todos y cada uno formaban parte de animales hoy extintos y que alguna vez fueron parte de la antigua fauna de la región. Pero no todos los huesos formaban parte de un mismo animal. Se nos indicaba que las osamentas eran de animales distintos(Foto 11); algunos de la misma clasificación, pero de edades diferentes, por ejemplo, uno de ellos que llamaban Megaterio[1] (Foto 12) estaba representado por un adulto y un infante; fue sorprendente ver como eran las garras de este último, realmente, si así era el “bebe” , no cabía la menor duda acerca del tamaño del adulto, al cotejarlo con nuestra propia estatura. Un animal así-sobre todo herbívoro-, seguro habría llamado la atención en el pasado, y si fue objeto de cacería por parte de los tempranos habitantes locales, no sería de extrañar que frente a su imponencia hubieran adoptado una estrategia de caza singular.

Luego se nos indico que la coloración tenía su explicación. En general los huesos antiguos cambian de coloración una vez que el animal fallece y los huesos quedan expuestos a la intemperie. Pero en este caso había tenido lugar un proceso adicional, que tuvo que ver con las condiciones del hallazgo.

Nos notifico que los huesos habían sido localizados accidentalmente, durante la remoción de capas betuminosas o de brea(petróleo muy espeso). Estas áreas betuminosas son comunes en el territorio del la península y marcan su riqueza petrolera. Al remover las capas superficiales la maquina tropezó con el deposito, alterando sus niveles superiores. Y esto hubiese sido como muchos anteriores hallazgos casuales sino hubiera sido por que, cuando los científicos de la UEPSE y del INPC constataron su existencia, recomendaron que cese la remoción. En el primer contacto se pudo observar que el deposito consistía de un manantial betuminoso que contenía un agregado de huesos, a primera vista difíciles de diferenciar por que habían sido intensamente infiltrados por el petróleo. Se estima, por información bibliográfica existente, que tales animales existieron durante un periodo terrestre denominado Pleistoceno y esto son varios miles de años atrás; esto indicaría que los huesos, entre que se depositaron y fueron descubiertos habían pasado en contacto con el petróleo miles de años, lo que modifico su coloración. Pero gracias a esto pudieron conservarse y llegar intactos hasta nosotros.

Pero aparte de ello hay que considerar que el ojo de brea también se formó en el cuaternario, en cuya parte final aparecieron los grandes animales. El hallazgo de tales animales dentro del pozo betuminoso podía estar relacionado con la forma de captura. Quizás.

El guía también incluyo algo más, a parte de la historia del hallazgo que hemos referido, y que tiene que ver con el procedimiento posterior. ¿Que paso después del hallazgo?. Ahí es donde interviene la UEPSE. Afortunadamente esta universidad cuenta en su planta docente con un Arqueólogo Universitario, profesional que alertó a las autoridades acerca de la importancia científica y la oportunidad turística que se presentaba ante el hallazgo. Esto facilito la formulación de las primeras acciones de salvamento y la integración de los primeros resultados en un proyecto científico y de aprovechamiento educativo y turístico.

Después del hallazgo se procedió a su excavación, observación y registro in situ y luego su traslado al laboratorio para proceder a su descripción y clasificación ósea y taxonómica. En el laboratorio reciben un tratamiento inicial consistente en limpieza, rotulación y custodia, para posteriormente intentar su reconstrucción. Nos dijo que sobre esto se había avanzado un poco, estando al momento en progreso, con miras a su exhibición pública.

El proyecto, nos indico después, durante la segunda parte, es más ambicioso, pues se trata de la puesta en valor educativo y turístico de tales restos, en el marco de un Centro de Interpretación, mismo que se inscribirá dentro del Parque Paleontológico a definirse en el sitio del hallazgo y servirá de soporte para la preparación de futuros profesionales.

En el otro edificio, al que accedimos luego de un corto traslado al interior de la universidad, se encontraban otros restos. Estos ya habían pasado por la etapa de laboratorio y aquí se encontraban en proceso de reconstrucción. Los huesos de uno de los animales, previamente identificado, habían sido dispuestos sobre el suelo en un cierto orden. Este orden correspondía al lugar que ocuparían los distintos huesos en una estructura ósea conocida. Con ayuda de bibliografía se esta reconstruyendo preliminarmente el enorme herbívoro. Se espera contar pronto con la ayuda de un paleontólogo experto para que de su aval definitivo. Hasta tanto la UEPSE esta coordinando acciones con centros de educación superior del extranjero para que envíen expertos en el tema. Se espera dilucidar este aspecto y otros tales como si estos animales estuvieron bajo la mira de los primeros pobladores y si estos tuvieron algo que ver con su muerte, así como el papel que jugó el pozo de brea en la misma. También espera por más recursos.

Aparte de las osamentas, nos llamaron la atención otros materiales, que estaban junto a estas. Se pudo observar que había rocas o piedras, las cuales mostraban también la misma coloración y olor. El guía nos indicó que esas piedras habían sido halladas junto con los huesos, en la misma matriz de petróleo, y había ciertas cosas que hacia sospechar que esa asociación no era fortuita. Al mirar detenidamente la superficie de los huesos y los borde de las piedras hay señales y huellas tanto en éstas como en los huesos, que sugieren una misma causa.

Una vez que tuvimos esta ultima observación y la charla del guía, nos retiramos hacia el transporte. Embarcamos todavía bajo la impresión de lo observado, una muestra del ¡!!!“Jurasik park” ¡!!! que podríamos tener dentro de poco y que, a no dudarlo, al igual que los otros recursos culturales patrimoniales, mejorara el valor actual de la Ruta del Sol. Los “gigantes de la ruta del sol” por que no. Esto no es nada nuevo. Cuando los españoles iniciaron la invasión en 1531, corrieron la voz de que los habitantes locales creían en unos “gigantes humanos” y ya desde ese entonces nos llegan noticias de los grandes huesos que se encontraban doquier. ¿Les falló la traducción?. ¿No sería acaso más real considerar que era la población local la que sostenía una tradición oral, cuyos orígenes se remontaban a los cazadores de megafauna?. El guía se inclina más por esto ultimo.

Bueno, nosotros, futuros expertos en turismo, no dudamos de la oportunidad, pero somos pesimistas en cuanto a la reacción que tendrán los que toman las decisiones, las autoridades del sector. ¿Serán diferentes nuestras autoridades académicas?. Pero no era el momento de pensar en presagios; la diversión seguía y los huesos brindaron oportunidad de hacer bromas y continuar con otras conversaciones, como lo que pasará este sábado por la noche ....... Bueno, en algún momento tendremos que considerar con seriedad nuestro futuro profesional, pero nos rebelamos de considerarlo tema de un bus tan “especial” como el nuestro..........
[1] Por su etimología la palabra proviene de mega= grande y terio= animal

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