Cerro Mogote, popularizado con el nombre de Real Alto, se localiza en el extremo suroccidental de la península de Santa Elena, orilla norte del golfo de Guayaquil, en la parte media del valle de los ríos Verde y Zapotal que desaguan en este. La subregión se enmarca en los linderos del Cantón Santa Elena, Parroquia Chanduy, comunas Pechiche y El Real. Este es una región de nuestra geografía, lleno de hermosas playas y otros paisajes tropicales. Localizado hacia el occidente de nuestro país, la región Península de Santa Elena. tiene, entre otras características geográficas y ecológicas de bosque seco tropical, el estar flanqueado por una cordillera de la cual se desgajan valles fluviales que la recorren transversalmente.
En el lugar se han encontrado pruebas de un poblamiento de antiguos americanos que datan alrededor de. 3800 aC, horizonte de tiempo correspondiente al Formativo Temprano o Neolítico inicial conocido por el epónimo Valdivia. Generalmente el periodo formativo se lo suele dividir en: temprano, medio y tardío. Al que nos referimos se subdivide en 8 sub periodos o a veces también llamadas fases.
La forma más temprana de este periodo es considerado por los Arqueólogos como el inicio del camino hacia la forma de Civilización americana. Se forman-de allí su nombre-las bases para este proceso.
Se constata la presencia de instrumentos de piedra pulida y de molienda. Sus tempranos asentamientos son en forma de aldeas permanentes, conformados por conjuntos de estructuras individuales dispuestas en forma elíptica, rodeando un área despejada que se presume es la forma más antiguas de plaza en el nuevo mundo. Jalonan la parte intermedia de este espacio dos montículos equidistantes con claros indicios de funciones distintivas. Hay indicios de que florece la agricultura, y alguna forma de acopio y almacenamiento de víveres todavía vinculada al piso interior de las construcciones. Hay profuso uso de la cerámica para confeccionar recipientes, ollas, figurines, entre otros. Al parecer la extensa dispersión de restos sugiere la existencia de distintas poblaciones relacionadas entre si. Hay evidencia que sugiere la presencia de actividades cotidianas y especiales. Se cree que para estas ultimas confeccionaban o usaban útiles elaborados u obtenidos especialmente, como ciertas conchas y figurines.
Continúan la caza y la pesca del periodo precedente, una forma neolítica sin cerámica presente en la región; se fortalece la producción de alimentos y las artesanías en concha, piedra, arcilla. La coexistencia de asentamientos a lo largo de ejes fluviales plantea la existencia de redes de relaciones entre aldeas distantes y con acceso a recursos diferentes que circulan entre estas redes.
Las viviendas confeccionadas con maderas de tipo bambúes, con bases planas unas y otras sobre montículos, pero en ambos casos el uso directo de la tierra como piso de las construcciones. Se asocian a estas fogones e instrumentos y utensilios de piedra, caracol y concha, así útiles de cerámica, la cual destaca desde la primera fase en la cual se desarrolla un conjunto básico de tres formas: olla, cuenco y plato.
Se sugiere la existencia de alguna clase de ritual. Las aldeas son conjuntos de viviendas dispuestas en el lugar escogido para el asentamiento. No están colocadas de cualquier manera sino de acuerdo con alguna intención de carácter colectivo, lo cual significa una aceptación por parte del conjunto, lo que son indicios de tempranas formas de organización, misma que precede a la aparición del proceso urbano. En el sitio “Real Alto” se han demostrado cambios a través del tiempo de estas aldeas, siendo las de la primera fase diferentes a las de las fases siguientes. Hacia las ultimas fases han demostrado que las aldeas crecen con mayor numero de individuos por un lado y por otro, permiten el desarrollo de nuevas aldeas.
Una característica de los agrupaciones de individuos reunidos en aldeas es una clase de actividad no directamente productiva, pero que se usa para actuar directamente sobre los individuos que la conforman y que apuntarían a propiciar la permanencia del conjunto. Esta actividad tienen un carácter marcadamente ritual, esto es: son organizadas, periódicas y vinculadas a una misma clase de artefactos. Se propone que la permanencia estaría vinculada a la productividad, pues la agricultura demanda, además de gente, semillas, tierra y agua, la seguridad de contar con tales recursos de manera permanente. En el contexto ambiental que nos ocupa, siendo el agua el recurso mas vulnerable, se plantea que el ritual estaría vinculado a incidir de alguna manera sobre los procesos naturales del ciclo del agua. Los científicos, entre ellos D. Lathrap y J.Marcos de la U. De Illinois, han considerado que la presencia de la concha Spondylus estaría vinculado a este ritual, pues la presencia de este molusco estaría vinculado a los ritmos estaciónales del ciclo del agua, siendo la constatación de la temperatura del agua de mar el indicador mas importante. Esta concha es un bibalvo marino del océano Pacifico y su presencia ocurre en las aguas calidas frente a las costas ecuatoriales. Su captura es una actividad especializada y la presencia de pesos de piedra entre los restos hallados sugiere actividades de buceo.
Hacia finales del formativo temprano, el neolítico ha ocupado toda la costa e incluso parte de flanco occidental de la cordillera andina. Así, aparte de las formas iniciales en el sitio epónimo Valdivia, la tenemos también en Loma Alta, Punta Concepción, Colimes de Balzar, etc. Son lugares donde se ha demostrado la existencia de vestigios cerámicos correspondientes a alguna o al conjunto de fases del estilo Valdivia. Los asentamientos están cerca de tierras fértiles y fuentes de agua, lo que hace pensar fue el proceso agrícola el que tuvo que ver con la expansión.
En Valdivia fase VII hay presencia de obsidiana. Este es un material exclusivo de las tierras andinas. Asimismo en las etapas “formativas” de otras partes del continente hay Spondylus, sugiriendo nexos de esta cultura con otras mas allá del ámbito ecuatorial. La obsidiana proviene de un volcán que flanquea el valle interandino donde se encuentra asentada la ciudad de San Francisco de Quito.
Las evidencias en consecuencia están relacionadas con el despertar de las culturas indígenas de América. El área de hallazgos forma parte del actual territorio de pobladores que representan una de las ultimas etnias autóctonas de la región, conocidos como “Antigua Comunidad de indios de Chanduy”. Allí los científicos han desenterrado varios miles de años de evidencia cultural que demuestran un proceso continuo y pionero de cultivación de plantas y fructífera convivencia, que duro cerca de dos mil años.
Este descubrimiento y el estudio iniciado no fue el primero en demostrar este afán. Hacia fines de la década de los cincuenta, en los confines septentrionales de la península, un estudioso del pasado expuso esas pruebas; el haber sido obtenidas con mas entusiasmo que preeminencia científica, no le restó meritos y ello fue reconocido por científicos externos, quienes acentuaron la valía de las piezas recuperadas como prueba de un muy antiguo origen de la Cerámica de América.
En todo este abundante conjunto de descubrimientos hay un objeto que destaca por su prístina singularidad. Es una estatuilla elaborada en cerámica, presente a lo largo de los dos mil años de Valdivia. Llamo tan poderosamente la atención que, exaltados por su descubrimiento, la calificaron de maravilla estética asumiendo poéticamente que se trataba de la “Venus americana”.
Los hallazgos han confirmado que la figurilla en cuestión tiene precedentes. En el valle de los ríos Verde y Zapotal. Se han encontrado, en las entrañas mas profundas de la tierra, tenues estatuillas de piedra que reportan la intención de aquellas gentes de darle forma imperecedera a una idea incubada en sus cerebros; primero sobre ciertas piedras, y luego, atraídos por la plasticidad del lodo que se formaba por doquier en las fértiles tierras de los alrededores, y por la ferocidad del calor que lo secaba, empiezan a elucubrar en este material el fecundo secreto de la tierra que hacia saltar las pequeñas sementeras de maíz.
Desde su cincuentenario descubrimiento hasta el presente, la destreza cerámica de los tempranos o tempranas cultivadoras de maíz, expresada en esta modelación prístina del cuerpo humano, ha quedado marcada por la exaltación de su novedad, con el sustantivo que marca el lucero del amanecer el fulgor que marca el inicio de los periodos de invierno, Venus; su carácter venusino esta allí para recordarnos que, en nuestro desarrollo ...en el principio fue Valdivia.... primera potencia cultural de América.
lunes, 12 de febrero de 2007
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